Cuando pensamos en una obra, es fácil imaginar hormigoneras, encofrados, materiales acumulados y numerosos trabajos realizados directamente en el lugar donde se está levantando el edificio. Sin embargo, una parte importante de la construcción también puede comenzar lejos de la propia obra. Los elementos prefabricados de hormigón responden precisamente a esta forma de trabajar, ya que determinadas piezas se producen previamente en instalaciones preparadas para ello y posteriormente se transportan hasta el lugar donde serán utilizadas.
Aunque el concepto de prefabricación lleva mucho tiempo presente en el sector, sus posibilidades han evolucionado considerablemente. Ya no debemos imaginar únicamente grandes piezas estructurales idénticas utilizadas en proyectos industriales. Actualmente, podemos encontrar productos destinados a cerramientos, forjados, urbanización, ventilación, revestimientos y numerosas aplicaciones, con dimensiones y características diferentes según la función que deberán desempeñar posteriormente.
Esta evolución resulta interesante porque refleja un cambio más amplio dentro de la construcción. Cada vez tiene más importancia planificar correctamente los procesos, controlar la fabricación de los materiales y reducir determinados trabajos improvisados en obra. Personalmente, creo que cuando observamos un edificio terminado resulta difícil imaginar la cantidad de decisiones que existen detrás de cada pieza, pero conocer cómo se fabrican y utilizan estos elementos nos permite entender mucho mejor la construcción actual.
La prefabricación comienza mucho antes de que una pieza llegue a la obra
La principal diferencia entre fabricar previamente una pieza y ejecutarla completamente en obra está relacionada con el lugar y la forma en la que se desarrolla una parte del proceso. En una instalación industrial pueden prepararse moldes, dosificar materiales y organizar diferentes fases de producción de manera repetida. Después, las piezas terminadas se trasladan hasta la obra para incorporarlas en el momento previsto dentro del proyecto.
Esto obliga a planificar con antelación. Las dimensiones, las características de cada elemento y su función deben estar definidas antes de iniciar determinados trabajos, porque una pieza fabricada previamente tendrá que encajar correctamente cuando llegue a su destino. Esta necesidad de coordinación puede parecer una limitación, pero también obliga a resolver muchas decisiones antes de encontrarnos físicamente ejecutando esa parte de la obra.
Con el paso del tiempo, la tecnología utilizada en los procesos de producción también ha permitido aumentar el control sobre diferentes fases. La maquinaria, los sistemas de dosificación, los moldes y los controles realizados durante la fabricación contribuyen a conseguir piezas con unas características determinadas. No significa que desaparezca el trabajo humano, sino que muchas tareas se realizan en un entorno específicamente preparado para producir estos elementos antes de trasladarlos a la construcción.
Actualmente encontramos prefabricados destinados a usos muy diferentes
Uno de los cambios que mejor nos permite comprender la evolución del sector es la variedad de elementos disponibles. Cuando escuchamos la expresión prefabricado de hormigón quizá pensemos inmediatamente en grandes estructuras, pero existen piezas de tamaños y funciones muy diferentes. Podemos encontrarlas en edificios, calles, zonas exteriores, redes de saneamiento y numerosas infraestructuras que utilizamos diariamente sin detenernos a pensar cómo fueron fabricadas.
Tal y como explican desde Arcobloc, dentro de los prefabricados de hormigón existen soluciones destinadas a cerramientos, urbanización, ventilación de edificios, forjados y remates, entre otras aplicaciones. Esta variedad nos ayuda a entender que no estamos hablando de un único producto ni de una única manera de utilizar el hormigón. Un bloque para un cerramiento, una bovedilla para un forjado o una pieza destinada a una zona urbanizada responden a necesidades distintas y, por tanto, deben fabricarse teniendo en cuenta la función que desempeñarán.
También existen diferencias dentro de una misma familia de productos. Los bloques, por ejemplo, pueden presentar dimensiones, formas y acabados distintos, mientras que en los elementos destinados a forjados encontramos piezas adaptadas a diferentes configuraciones constructivas. Esta especialización ha hecho que hablar de prefabricación sea hablar de un conjunto muy amplio de soluciones y no simplemente de producir muchas unidades idénticas de una misma pieza.
Fabricar en un entorno controlado cambia la organización del proceso
Una de las características de la prefabricación es que una parte del trabajo se traslada desde la obra hasta una instalación industrial. Allí pueden organizarse las materias primas, los equipos y las diferentes fases de producción de una manera más estable. Las condiciones no son exactamente las mismas que encontramos en una obra abierta, donde pueden coincidir numerosos oficios, materiales, máquinas y cambios provocados por el avance diario de los trabajos.
El control de fabricación también permite comprobar determinadas características antes de que las piezas salgan de las instalaciones. Dependiendo del producto y de los requisitos que deba cumplir, pueden realizarse verificaciones relacionadas con las materias primas, las dimensiones o las características del elemento terminado. La idea es que la pieza llegue a la obra respondiendo a las especificaciones previstas para su utilización.
Sin embargo, fabricar previamente no elimina la necesidad de trabajar correctamente en obra. El transporte, la descarga, el almacenamiento y la colocación también deben planificarse. Una pieza puede haber sido producida correctamente y terminar sufriendo daños si se manipula de manera inadecuada. Por eso debemos entender la prefabricación como una cadena en la que fabricación, logística y montaje tienen que estar coordinados.
La variedad de piezas permite responder a necesidades muy diferentes
Resulta sorprendente comprobar la cantidad de elementos prefabricados que podemos encontrar alrededor de nosotros. Algunos forman parte de estructuras y cerramientos que quedan integrados en edificios, mientras que otros permanecen completamente visibles en calles, jardines o espacios públicos. Bordillos, adoquines, bloques, canales y diferentes piezas relacionadas con redes urbanas son ejemplos fáciles de reconocer.
Si queremos comprender esta variedad podemos fijarnos en algunos de los usos habituales. Los prefabricados de hormigón pueden emplearse en cerramientos y divisiones, además de formar parte de diferentes tipos de forjados. También encontramos piezas destinadas a espacios exteriores, como bordillos, adoquines y otros elementos de urbanización que forman parte de calles, zonas peatonales y diferentes espacios públicos.
A estas aplicaciones podemos añadir arquetas y otros elementos relacionados con instalaciones, conductos destinados a ventilación, remates y piezas utilizadas para completar determinados acabados. Incluso existen elementos decorativos y soluciones especiales que permiten adaptar este tipo de productos a las necesidades concretas de cada proyecto. Esta variedad demuestra que los prefabricados pueden desempeñar funciones muy diferentes dentro y fuera de un edificio.
Cada grupo presenta características diferentes porque su función también cambia. Una pieza que permanecerá expuesta al exterior no tiene las mismas necesidades que otra integrada dentro de una solución constructiva. Tampoco podemos comparar directamente un elemento destinado a soportar determinadas cargas con una pieza cuya principal función sea completar un cerramiento. La evolución de los prefabricados ha consistido, en parte, en ampliar esta especialización para responder a situaciones cada vez más concretas.
El diseño también forma parte de la evolución del hormigón prefabricado
Durante mucho tiempo hemos relacionado el hormigón con superficies grises y elementos puramente funcionales, pero esta imagen se queda corta cuando observamos algunas de sus aplicaciones actuales. El diseño de moldes, las texturas, las formas y los acabados permiten obtener resultados muy diferentes, especialmente en elementos que permanecerán visibles después de finalizar la obra.
Las celosías son un buen ejemplo porque combinan una función constructiva con una presencia visual evidente. Algo parecido sucede con determinados bloques, plaquetas, pavimentos y piezas destinadas a espacios exteriores. En estos casos ya no importa únicamente que el elemento cumpla correctamente su función. También tenemos que pensar en cómo se integra con el resto de los materiales y con la imagen general del proyecto.
Esta evolución resulta especialmente interesante dentro de la arquitectura porque amplía las posibilidades de utilización de un material que tradicionalmente hemos asociado con soluciones muy concretas. La prefabricación permite repetir formas y dimensiones previamente definidas, pero también desarrollar familias de productos con acabados distintos. De esta manera, producción industrial y diseño no tienen por qué entenderse como conceptos opuestos.
La planificación puede ayudar a organizar mejor los tiempos de obra
Uno de los aspectos más importantes de cualquier construcción es la coordinación. En una obra intervienen diferentes profesionales y cada trabajo suele depender de otros que deben haberse realizado previamente. Cuando utilizamos piezas prefabricadas necesitamos decidir cuándo estarán disponibles, cómo llegarán al lugar y en qué momento podrán colocarse sin interferir con otras tareas.
Esta forma de trabajar puede permitir que determinados procesos se desarrollen de manera paralela. Mientras avanzan algunas fases en el emplazamiento, determinadas piezas pueden estar fabricándose en otras instalaciones. Cuando llega el momento de incorporarlas, parte del trabajo ya se ha realizado previamente. Para aprovechar esta ventaja necesitamos una planificación adecuada, porque cualquier error en medidas, cantidades o fechas puede afectar al ritmo previsto.
Una de las líneas que se están estudiando dentro del sector es la posibilidad de recuperar piezas prefabricadas completas cuando un edificio llega al final de su utilización. Esta forma de aprovechar los materiales plantea la opción de desmontar determinados elementos y valorar si pueden volver a utilizarse en lugar de convertirlos directamente en residuos. La idea va un paso más allá de triturar el hormigón para obtener áridos reciclados, ya que en determinados casos se busca conservar la pieza y estudiar si puede volver a desempeñar una función constructiva. De esta manera, el futuro de la prefabricación también puede estar relacionado con pensar desde el principio qué ocurrirá con los elementos cuando dejen de utilizarse en su ubicación original.
La sostenibilidad plantea nuevos retos para los prefabricados
Hablar de construcción actual implica hablar también del impacto ambiental de los materiales. El hormigón tiene una presencia enorme en edificios e infraestructuras, por lo que cualquier avance relacionado con la utilización de materias primas, la durabilidad, la fabricación y la gestión de los elementos al final de su vida útil puede adquirir una importancia considerable.
Una de las líneas que se están estudiando dentro del sector es la posibilidad de recuperar piezas prefabricadas completas cuando un edificio llega al final de su utilización. Esta forma de aprovechar los materiales plantea la opción de desmontar determinados elementos y valorar si pueden volver a utilizarse en lugar de convertirlos directamente en residuos. La idea va un paso más allá de triturar el hormigón para obtener áridos reciclados, ya que en determinados casos se busca conservar la pieza y estudiar si puede volver a desempeñar una función constructiva. De esta manera, el futuro de la prefabricación también puede estar relacionado con pensar desde el principio qué ocurrirá con los elementos cuando dejen de utilizarse en su ubicación original.
Evidentemente, llevar esta idea a la práctica plantea numerosos retos relacionados con el diseño, la seguridad, la certificación, el desmontaje y el conocimiento del estado real de cada pieza. No todos los elementos existentes podrán recuperarse ni todos los edificios han sido diseñados pensando en un futuro desmontaje. Sin embargo, estas investigaciones muestran hacia dónde puede avanzar una parte del sector, con edificios pensados no solamente para construirse y utilizarse, sino también para considerar qué ocurrirá con sus componentes décadas después.
El futuro pasa por fabricar mejor y coordinar mejor cada proyecto
La evolución de los prefabricados de hormigón no puede resumirse únicamente diciendo que ahora existen más tipos de piezas. El cambio también está relacionado con la manera de diseñarlas, producirlas, controlarlas, transportarlas e incorporarlas a una obra. La digitalización y una planificación cada vez más detallada permiten coordinar información que anteriormente podía encontrarse mucho más dispersa entre los distintos participantes de un proyecto.
En los próximos años probablemente veremos una mayor atención a cuestiones como la eficiencia de los procesos, la reducción de residuos, la trazabilidad de los materiales y las posibilidades de reutilización. También será importante continuar desarrollando soluciones capaces de responder a proyectos diferentes sin perder las ventajas asociadas a una producción organizada. La construcción necesita cierta estandarización, pero al mismo tiempo cada edificio y cada infraestructura presentan necesidades particulares.
Al final, los prefabricados de hormigón muestran bastante bien cómo está cambiando nuestra manera de construir. Seguimos utilizando un material conocido desde hace mucho tiempo, pero lo hacemos con procesos, controles y posibilidades cada vez más desarrollados. Cuando vemos un bloque, una bovedilla, un bordillo o una pieza de ventilación quizá parezca un elemento muy sencillo, aunque detrás exista un proceso que comienza mucho antes de llegar a la obra. Comprender esa evolución nos permite mirar la construcción desde otra perspectiva y recordar que innovar no siempre significa inventar un material completamente nuevo, sino también aprender a fabricar, utilizar y gestionar mejor aquellos que ya conocemos.